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lunes, 26 de junio de 2023

BORRASCAS: LA MORALEJA QUE LOS TUNOS NO DEBEN SEGUIR

Este es un documento que hace años compartió conmigo Roberto Martínez del Río, el dueño del Museo Internacional del Estudiante y miembro de la Tuna de Medicina de Salamanca. Parece ser uno de los primeros ejemplos de cómic ¿verdad? En este caso tenemos una historieta moralizante que nos relata la vida del Estudiante Borrascas.

Veamos de qué trata la narrativa: desde que nació el muchacho era revoltoso, entró como aprendiz de barbero y terminó quemando y cortando a un cliente. Luego su padre lo envía a la Universidad Cervera. Ahí Borrascas se entrega a una vida de vagancia, llegando a crueldades tales como hervir el gato de una "patrona" (quizá la administradora de la residencia estudiantil) o tirarle carbón caliente al borrico de un aldeano para romper los jarrones de carga. A la chica que quería le robaba vino, también se metía en grescas y reprobaba cursos. Nada le importaba y salía a correr LA TUNA. Un día se enamoró de una muchacha que conoció en la iglesia llamada Luisa. La cortejó, pero el padre de ella no quería que se vieran.

El documento muestra a Borrascas "haciendo volar palomos" de un palomar. Podríamos entender que quizá siguió con el vandalismo o tal vez se consiguió un trabajo, aunque esto no queda claro, pero ¿a qué se refiere esa expresión? En el siglo XIX, y desde mucho antes, era común tener palomares; es decir, estructuras destinadas a la crianza de palomas para consumo humano. Algunos se construían en áreas rurales y otros en patios o techos de casas de ciudad. Siguiendo algunas de las ideas planteadas por Daniel Schávelzon (2021), es probable que el declive de esta actividad fue provocado por la mejora de otras aves de corral. La crianza de palomas era una actividad barata, pero significaba varios problemas de salubridad para una ciudad, como el contagio de parásitos, enfermedades y el mal olor que provocaba la concentración de estos animales. Entonces ¿lo que hacía Borrascas era un trabajo? El Edicto del Ayuntamiento de Palma de Mallorca sobre la limpieza pública del 8 de mayo de 1833 nos dice que, por lo menos, era una actividad molesta y penalizada:
"Por cuanto son continuas las quejas de los perjuicios que causan á los vecinos los sugetos que se divierten en hacer volar los palomos, por transitar por los tejados de sus casas y tirarles piedras continuamente; se previene á todos los que los tengan que á la primera denuncia que se haga de estos escesos á los Alcaldes de barrio, les exigirán estos la multa de tres libras y las harán encerrar los palomos".
Debido a esta actividad de riesgo, Borrascas resbala y cae del tejado al tratar de agarrar una paloma, quedando muy herido. Bajo estas circunstancias, sus amigos de la residencia estudiantil lo cuidan. Aquí puede apreciarse un destello de virtud, pues pudiendo quedar abandonado, sus compañeros asumen su cuidado fraternalmente. Es importante notar que hay una iniciativa para enderezar su vida y para no reprobar se pone a estudiar. Es así que empieza a trabajar poniendo enemas en el hospital, pero este ascenso por la escalera de la virtud queda truncado, pues vuelve a los malos pasos al vender polvos y pomadas como charlatán.

Cuando se le acaba el dinero, Borrascas empieza a escribir "memoriales", una actividad que consistía en escribirle pedidos a los santos de parte de los aldeanos, ya que él sabía escribir. El poco dinero que tenía lo "invirtió" en jugar al billar para poder comer. Entregado al vicio, se vuelve un apostador compulsivo y termina matando a alguien que trató de hacerle trampa. La policía arresta a Borrascas y lo mete al calabozo, quien por "temor a lo que le va a pasar" se lanza a una letrina de donde lo sacaron cadáver. Y así murió el Estudiante Borrascas. 

No sigan los malos ejemplos queridos hermanos. La tuna es un arte y aunque requiere disciplina para poder cantar, tocar y presentar bien, no significa que deban seguir los malos ejemplos de quien se entrega a una vida de excesos. Robar, no estudiar, faltar a la palabra, entregarse a un vicio... Estas cosas solo les harán daño. Un ejercicio positivo del arte de la tuna inculca valores fraternales, disciplina o prolijidad en el arte (enamorarse de lo que hace uno), humor, inteligencia e ingenio. Se necesita orden en la vida para que cada cosa tenga su propio lugar y medida, en suma, para que cumplan con su tuna y con sus estudios. Al ingresar a la universidad, no solo pasamos el umbral de la casa del conocimiento, sino el de la adultez. Un hombre, cualquiera que sea, debe cumplir con sus compromisos sobre los que empeñó su palabra de honor. Los primeros, al menos los relacionados a la vida universitaria, son siempre hacia las obligaciones de estudio. Los segundos, si se profesa el arte de la tuna, son hacia la fraternidad, muy especialmente si los estudiantes son becarios gracias a la tuna. Lo que aprendamos, lo replicaremos en nuestra vida.

Menoti Cancellarius 










viernes, 21 de abril de 2023

ESTUDIANTES TUNOS EN LA VALENCIA DEL SIGLO XVIII

Hace bastante tiempo leímos una cita histórica en el sitio web de la Tuna de Derecho de Valencia que hablaba de una referencia a estudiantes tunos valencianos en el siglo XVIII. Este sitio web ya no existe, pero encontramos en línea el siguiente texto:

Los primeros datos que se poseen de la Tuna de Derecho de Valencia son del año 1776, en un documento del Archivo Real del Reino que dice: “…que la Audiencia informe sobre los estudiantes tunos de leyes que hay en la Universidad, con el fin de evitar disturbios”. (ARV Real Acuerdo, Año 1776, Folio 63, Libro 71). Se solicita una lista de los tunos de derecho que hay en la Universidad de Valencia, a consecuencia de un alboroto estudiantil, para ver si estaban éstos presentes. Es curioso cómo la historia se repite.

(Mg Tuna De Derecho De Valencia, unaplauso.com)

La fuente original estaría entonces en el Archivo Real de Valencia, sección del Real Acuerdo del año de 1776, etc. Según la Conselleria d'Educació, Cultura i Esport de la Generalitat Valenciana, el Real Acuerdo representaba al rey y a sus Consejos en Valencia, pero la documentación que hay no tiene carácter judicial sino administrativo y de gobierno. En las actas encuadernadas se tienen las órdenes de la Corte, las consultas hechas, los nombramientos de funcionarios y disposiciones que eran de su incumbencia en educación, salud pública, gremios, fiestas, etc.  

Al revisar los documentos originales podemos observar que el texto que la Tuna de Derecho de Valencia reprodujo no era una cita literal. Por lo tanto, procederemos a reproducir la sección del documento respetando la ortografía de la época.

En dicho día: Vista en el otra Carta Orden del Consejo, su fecha treinta de Abril proximo, firmada por Dn. Pedro Escolano de Arsueta su Escribano de Camara y Gobierno y dirigida a S.E. por la que en vista del difuso Expediente suscitado en el mismo, con motivo de varios disturbios, parcialidades y abusos, que agitan el Cuerpo Academico de la Universidad de esta Ciudad dimanado todo de la division de Escuelas en la facultad de Theología: Y teniendo presente el informe hecho por esta Audiencia se aprueban /  entre otras cosas las Providencias tornadas por la Sala del Crimen:

Y se manda que oyendo a esta, a los dos Fiscales de S.M. al Rector, diputados de la Universidad, cathedraticos y demas personas que puedan darle noticia, se instruya del numero de Estudiantes Tunos que ay en esta Ciudad, dando las Providencias convenientes para que se apliquen al oficio o destino que les sea util, con lo demas que en la misma se previene: Se acordó su obedecimiento, y cumplimiento, y que se passe a los Señores Fiscales y una copia authentica de ella a la Real Sala del Crimen=

(Generalitat Valenciana, catálogo on line SAVEX)

Lo primero que llama la atención es que entendemos que se toman disposiciones sobre disturbios que hay en la Universidad, precisamente en la Facultad de Teología, no en la de Leyes.

Segundo, dice que el conflicto proviene de la división de escuelas en la Facultad de Teología. Probablemente estén refiriéndose a una disputa académica que se salió de control, quizá una oposición de cátedra; es decir, un concurso a una plaza para enseñar en el que los oponentes con seguridad tenían sus partidarios. Otro indicio de que se trata de algún tipo de oposición o concurso es que se habla de parcialidades. Tal vez lo que ocasionó el alboroto fue alguna parcialización en juzgar algo que trajo como consecuencia el disturbio, implicando a toda la comunidad académica pues ya vemos que se recogerá informes del mismo rector y los diputados de la Universidad.

Tercero, la mención de buscar saber cuántos “Estudiantes Tunos” había podría llevarnos a pensar que las autoridades creían que los principales azuzadores eran los estudiantes ligados al lúmpen estudiantil, a los vagabundos que se organizaban para encabezar el desorden. ¿Por qué entonces no tuvieron mano dura y por qué tomaron acciones tan benévolas como darles solo “las Providencias convenientes para que se apliquen al oficio o destino que les sea util”? Tal vez porque no hubo crímenes de sangre que prevalezcan por encima de la jurisdicción universitaria y siendo que los disturbios implicaban informaciones por parte de las autoridades de la Universidad, creyeron mejor darles la orden de que los dichos tunos vuelvan a lo suyo sin mayor consecuencia. Otra interpretación sería que quienes debían aplicarse al oficio o destino que les sea útil eran las autoridades. 

Estas son solo unas hipótesis bastante primarias que derivamos del texto, aunque nos falta mucha información.  

Menoti Cancellarius 

viernes, 7 de abril de 2023

UN VISTAZO A LA GOLIARDÍA


La goliardía es una tradición universitaria italiana que tiene como ideal la hermandad y evocar las picardías estudiantiles históricas. Como la tuna, en el mundo hispanoparlante, la goliardía es iniciática y pícara destacando por su comportamiento lúdico anclado en una actitud contestataria. Reta la norma amparada en la libertad de pensamiento, por un lado, y en la tolerancia, por el otro; pero todo en el marco de la tradición, algo que es en sí una paradoja.

Los goliardos modernos tienen una tradición que es contada de generación en generación, del antiguo al más nuevo. Muchas veces esta oralidad no tiene rigor histórico, pero cumple con su función de darle a los miembros un acervo cultural importante que fortalece una identidad definida. No obstante esta tradición oral, que puede ser imprecisa, revisaremos muy sumariamente algunos conceptos históricos sobre los goliardos.  

LA TRADICIÓN SOBRE SU ORIGEN 

Fuente: internet 

El código canónico medieval llamaba clerici vagantes o clero vagabundo, a aquellos clérigos que iban errantes sin afiliarse (o desertando) a una iglesia determinada, sea por no tener oficio o porque eran estudiantes y profesores que iban de lugar en lugar en búsqueda de nuevos conocimientos. Debido a esta vida sin ataduras se decía de ellos que estaban entregados a los placeres de la carne. Según Albert Hauck, en los siglos V y VI se tomaron severas medidas contra ellos «como cuando el Concilio de Calcedonia prohibió la ordenación sin designación a una iglesia específica, o cuando el Concilio de Valencia (¿524?) amenazó a los vagabundos con la excomunión, pena extendida por el Sínodo de Arles (524) a quienes les dieran cobijo». A pesar de estas medidas, los clérigos errantes no desaparecieron y peor aún se reforzó su leyenda, muy especialmente al aparecer de manera anónima la llamada poesía goliárdica.  

Hasta esta fecha, se mantiene el misterio sobre el origen etimológico de la palabra «goliardo». Para unos proviene del francés antiguo gouliard, que significaría: clérigo de vida irregular. Esto concuerda con la opinión de Hauck, quien señala el surgimiento de los goliardos como un fenómeno en el norte de Francia que luego se trasladó hacia Inglaterra y Alemania. En la Encyclopædia Britannica (1911) se menciona que muchos académicos aceptan la hipótesis de Max Büdinger (1854) que plantea la trascendencia de la palabra «goliardo»  por la carta que San Bernardo de Claraval le escribió al papa Inocencio II, en la que despectivamente llama «Goliat» (Golias, en el texto original escrito en latín)  al famoso académico Pedro Abelardo: «Avanza Goliat con su descomunal cuerpo, armado con aquellos fastuosos atuendos bélicos, precedido por su escudero Armando de Brecia (…) y a mí, al más pequeño de todos me reta a singular combate» (Casquero, 1997). Es claro que el Santo desea retratarse a sí mismo como el siervo de Dios que está en batalla contra un monstruoso gigante herético y, de paso, se entiende que los seguidores de Abelardo son unos filisteos. 

La gula se asocia a las palabras Goliat y Goliardo, como lo señala Ana Arranz Guzmán (2012) al citar a Giraldo de Cambrai quien dijo en 1220 «hubo un parásito de nombre Golias, famosísimo por su gula y su glotonería que muy bien podría llamarse Gulias, entregado como estaba a la gula y a la crápula en todo momento, pese a ser bastante buen literato… Este a menudo y en abundancia, vomitó contra el Papa y la curia romana poesías que alcanzaron fama, tanto métricas como rítmicas, con no menos impudencia que imprudencia». Se asume que este tal «Golías» era un personaje imaginario, convirtiéndose en un mítico patrón de los vagabundos.

Los historiadores consideran que los goliardos aportaron al desarrollo de la literatura medieval, en el renacimiento del siglo XII. Como referencia tenemos la Carmina Burana el códex del mismo nombre con la letra de poemas goliárdicos medievales dedicados al vino, el amor erótico y a la fortuna.

LA GOLIARDÍA ITALIANA DE HOY

El octavo centenario de la fundación de la Universidad de Bolonia.
La ceremonia tuvo lugar en el patio del Archiginnasio, el edificio 
que la Universidad ocupó de 1863 a 1803. Se puede ver a Carducci
dando el discurso principal. La familia real está bajo el dosel.
Fuente: 
Marco.cavina en igem.org 

Las actuales goliardías tienen su origen a finales del siglo XIX en Italia. El literato e intelectual Giosuè Carducci organizó las celebraciones por el octavo centenario de la fundación de la Universidad de Bolonia, llamándolo oficialmente Congreso Nacional e Internacional de Estudiantes Universitarios. Este evento tuvo una relevancia internacional importante por tratarse del aniversario de la universidad más antigua del mundo y convocó a varias asociaciones estudiantiles que resaltaron por sus tradiciones, entre ellas la alemana que había impresionado mucho a Carducci durante su visita a ese país en 1886. Es así que se le atribuye a Carducci el impulso y creación de la goliardía moderna en Italia, aunque previos a estos años ya habían noticias de estudiantes que realizaban actividades consideradas goliárdicas. Esta celebración en Bolonia también produjo la creación de los Faluchards que trasladaron la tradición a Francia. 

Con la toma del poder del partido fascista, en 1927, se crearon los grupos universitarios del régimen que suprimieron las asociaciones estudiantiles como una medida de control social y hasta prohibieron el gorro goliárdico o falucho. En el periodo de la postguerra, especialmente entre las décadas del 50 y 60, las goliardías se reorganizaron espontáneamente adoptando insignias extravagantes y títulos bufos que se mantienen al día de hoy.     

ESTRUCTURAS Y COSTUMBRES

Goliardos en el Aula Magna de Santa Lucía de la Universidad de Bolonia.
Fuente: Facebook de Goliardia Bologna - Il Fittone
 

La goliardía se organiza por ordenes menores o vasallas en una ciudad (en Pisa son llamadas balle; en Pádua, academias u ordenes; en Torino, vole; etc.). Estas unidades tienen un jefe propio y se encargan de formar a los novatos, estando la membresía abierta para uno o ambos sexos. Las ordenes vasallas se someten a la jurisdicción de una orden superior que rige a toda la goliardía de la ciudad y que elige a sus miembros de entre las primeras. Al jefe de esta orden superior se le conoce como Jefe de la Ciudad o Soberano. Las ordenes menores suelen elegir nombres bufos, así tenemos a La Plácida Orden de la Vaca Estupefacta, vasalla de la orden superior de Florencia llamada Soberana y Encomiable Orden Goliárdica de San Salvi; o la menor Draconis Refulgentis Aurimantati Goliardicus Ordo (DRAGO) que es vasalla de la Goliardicus Ordo Solis Orientis de la Universidad de Trieste. Se da el caso que las ordenes superiores pueden tener varias ordenes vasallas. En el caso de la de Trieste, hay diez.  

La estructura jerárquica de las ordenes no es democrática y lo contrario es visto como ajeno a la tradición goliárdica. Cada jefe gobierna como monarca absoluto, pero se apoya en vice jefes (príncipes regentes, según la tradición Pisana), jefes de las ordenes vasallas (o priores) y otros «ministros» que velan por el funcionamiento de la goliardía. El jefe necesita del apoyo de un «senado» que vela por el cumplimiento de sus estatutos y está compuesto por ex jefes, ex príncipes y ex ministros. El Soberano de la Ciudad tiene poderes casi absolutos respecto a las ordenes de la jurisdicción.

Invitación a la ceremonia de abdicación del Gran Cuerno, soberano de la Plácida
Orden de la Vaca Estupefacta.
Fuente: facebook.com/placidoordinedellavaccastupefatta
La soberanía goliárdica se expresa en el privilegio que tiene un jefe de empezar a entonar el Gaudeamus Igitur, según el territorio dominado, debiendo los demás acompañar al soberano. El cargo de Jefe de la Orden puede pasarse por sucesión designada o ceremonia de abdicación (ejemplo), elección por miembros calificados (senados) o en casos raros por un golpe de Estado llamado fronda, que parte de un miembro retando el privilegio del soberano a entonar el Gaudeamus. Si este es acompañado por una mayoría de miembros calificados, o de prestigio, la fronda habrá tenido éxito en deslegitimar al jefe retado; pero cuando no tiene éxito los miembros pueden «fuentear» o echar al golpista a una fuente de la ciudad. 

Cada Jefe o Soberano de Ciudad tiene un nombre particular, según la tradición local: Bolonia, Magnus Magister; Pisa, Gran Torreone; Florencia, Sovrano Gran Maestro, Milán, Golia; Nápoles, Lupo Mannaro (hombre lobo); Padua, Tribuno; Turín, Pontifex; Perugia, Gripho Triumphans; etc. Lo mismo sucede con cada jefe de las órdenes vasallas, como por ejemplo: «Gran Cuerno» (en La Plácida Órden de la Vaca Estupefacta). 

LAS MARCAS DE IDENTIDAD

Orsinas boloñesas expuestas por el Museo del Estudiante Europeo. La muestra fue
curada por Gian Paolo Brizzi, director del Archivo Histórico de la Universida de Bolonia
y Paola Dessì en 2006. Fuente: archiviostorico.unibo.it

El primer sombrero estudiantil decimonónico fue una boina pequeña llamada orsina que se originó como obsequio para los asistentes e invitados durante las celebraciones de 1888 en Bolonia, tomando inspiración en los solideos que los estudiantes medievales usaban en relieves e iconografías. El modelo también cubría las orejas, pero se estilaba levantar esta parte hacia arriba para dejarlas descubiertas como se observa en el Acta Nationis Germanicae Universitatis Bononiensis. Este modelo de gorra no iba a durar mucho. El sombrero que es ahora clásico entre los goliardos se llama falucho o, en italiano, feluca que deriva su normbre de la náutica por su parecido a la embarcación del mismo nombre. Una publicación llamada Il Berretto del 17 de febrero de 1889 de Padua prueba que en ese año, y quizá desde antes, ya se usaba esta prenda. La publicación muestra un grabado con estudiantes portando faluchos y una cabeza de buey enfaluchada. Al parecer los paduanos terminaron por imponer con los años este modelo.   

Los colores de los faluchos siguen la tradición académica italiana: blanco, letras; negro, ingeniería o arquitectura; rojo, medicina; verde, ciencias; azul, derecho; granate, farmacia; etc., no obstante, hay pequeñas variaciones por universidad sobre esta generalidad. No hemos podido establecer la antigüedad de esta tradición, al contrario de la hispana que data, por lo menos, del siglo XVI.

Felucas o faluchos de distintas facultades. Fuente: lacassa.com 

Las ordenes goliárdicas de Siena y Pisa, como se observa en la entrevista del video, le cortan la punta del sombrero de fieltro en una medida de cuatro dedos como recuerdo de los estudiantes que combatieron en la Batalla de Curtatone y Montanara: según la leyenda, el 29 de mayo de 1848 durante la primera guerra de la independencia, un batallón universitario con faluchos le cortaron la punta a sus sombreros  para tener mejor puntería con el fusil. El Sovranus ac Venerabilis Ordo Torrionis, la orden regente de la Universidad de Pisa, cuenta que participaron en esa batalla 389 goliardos pisanos.

Entre los goliardos en general, y especialmente entre los que no tienen cargos, se establece la antigüedad como jerarquía entre ellos. Esta antigüedad va casi de manera paralela a la antigüedad universitaria, que a su vez, se evidencia por las bolli, palabra que etimológicamente proviene del latín bulla. Esta costumbre para establecer la antigüedad se desprende de los sellos de las matrículas que los estudiantes llevaban por cada año universitario. Cuando un Matriculante va a jurar su ingreso a la familia goliárdica, se le entrega un papiro al que se colocaba una marca da Bollo, o sello fiscal, de una lira o menos. Este sello luego es perforado por la quemadura de un cigarrillo, y es esta marca llamada Bula. En adelante estos huecos, sin el sello fiscal, se siguen añadiendo al papiro según los años de antigüedad goliárdica.  

Bula o papiro goliárdico sellado con la marca da bollo
y las bulas, o agujeros, quemados en el documento.
Cada papiro tiene un diseño único a pesar de seguir
algunas pautas tradicionales establecidas en los
códigos de leyes de la goliardía. Fuente: Archivo
Histórico de la Universidad de Bolonia

Las antiguas bulas eran sellos y también eran documentos. Entonces, una bolla goliárdica no es solo un sello, sino un pergamino con variados diseños que son emitidos y firmados por autoridades goliárdicas de los que se desprende la voluntad de las asambleas de la goliardía. Los soberanos de la ciudad siempre tienen N+1, es decir siempre tendrán un número más de bulas que cualquiera que esté presente y sus vice soberanos tienen N+1 -1, señalando el mismo privilegio, pero siempre una menos que el soberano de la ciudad.

Según el Corpus Iuris Goliae Tertium Millennium del VIII° del Prinx Guido Ciambellotti, las bulas deben estar hechas sobre un papiro, bien ilustradas y escritas en lengua goliárdica medieval o latín macarrónico. Estos documentos pueden intitularse: bulas de nombramiento para un cargo, bulas de delegación, bulas de invitación a una cena, baile o evento goliárdico, bulas para cumplir una empresa, bulas de reto entre órdenes, bulas de reto entre goliardos, bulas de rescate, bulas de sentencia, bulas de infamia, bulas de atestación que certifica que una obra artística o empresa fueron hechas según el espíritu goliárdico, bulas de laurea, copias de bulas para archivar.   

El portal Foggia Citta Aperta reproduce una información que hemos visto en varios sitios digitales, pero de la que no hemos podido encontrar la fuente original. Esta información la hemos contrastado con De lo Pontefice Massimo-Roma de la goliardía romana, la Raccolta di leggi  della Goliardía Italiana (Guido Ciambellotti, ¿2005?) y con el Códice Morandini (Padua, 1946), que es el primer reglamento goliárdico impreso. Los goliardos tienen los siguientes títulos según sus bulas o bolli que han ganado y, dependiendo de su número, pueden colocar diferentes adornos en sus faluchos: 

Fuente: bologna.repubblica.it
1 bula - Fetentissima e Putridissima Matricola, o Fetidísimo y Podridísimo Matriculante: este es el título del estudiante del primer año y como novicio no podrá poner nada en su falucho salvo el escudo de su ciudad, la orden a la que pertenece y, en algunos casos, podrá mantener el lirio que está delineado con una cuerda dorada que viene con el sombrero cuando está nuevo.

2 bulas - Famelico ma Tollerato Fagiolo, o Famélico y Tolerado Frejol: este es el título de los estudiantes de segundo año y bajo esta condición el goliardo puede colocar en su falucho no más de siete adornos, siempre que no sean colgantes. Por eso no pueden colocarse ni borlas y menos colocarle el cordón que va a los lados para sostener el falucho.

3 bulas - Aurea (o Gloriosa) Colonna, o Áurea o Gloriosa Columna: según se entiende este es el estudiante del tercer año. En el Códice Morandini no hemos leído su inclusión, pero sí es mencionado en el juramento de investidura de matriculantes. Con este título el goliardo puede colocar en su falucho cualquier adorno, siempre que no sean más de siete elementos.

4 bulas - Nobile (o Magnifico) Anziano, Noble (o Magnífico) Anciano: este es el cursante del cuarto año. A partir de este grado el goliardo podrá adornar su sombrero con cualquier tipo de objeto.   

5 bulas - Divinissimo Laureando, o Divinísimo Laureado: el goliardo tendrá el privilegio de poner una franja dorada en un lado de su falucho.

Faluchos con diferentes adornos. Fuente: bolognatoday.it.  

6 bulas - Sidereo Fuoricorso, o Fuera de Curso Sideral: el goliardo podrá colocar una franja dorada en ambos lados de su sombrero. 

Todos estos adornos, incluído el falucho, deben de ser regalos o pueden ser donaciones que rememoren una actividad goliárdica o académica. Además de los faluchos, los goliardos también usan capas, placas (medallas), camisas para novatos, etc. que tienen significados diversos y que varios dejan verse desgastados porque dicen que cada mancha o remiendo es un recuerdo. Debemos resaltar que en italiano capa se dice mantello, traducible también como manteo. Sin embargo, la capa que usualmente usan las tunas modernas de tradición hispánica son más parecidas al antiguo ferreruelo, una capa corta más asociada a la vestimenta formal del siglo XVI, perfecta para caballeros que usaban una espada ropera y que se podía vestir sobre el hombro derecho para amarrarla cruzada bajo el izquierdo. En el ámbito universitario, al menos en el de la Universidad de San Marcos de Lima, el ferreruelo se le permitía usar a los estudiantes casados. En italiano, el ferraiòlo era la amplia capa ritual de cardenales, obispos o sacerdotes, que reconocemos como manteo y que fue también parte de la típica vestimenta de los estudiantes de la tradición hispana. Volviendo al mantello goliárdico, podemos apreciar que su confección y modo de usarla es más similar al legendario manteo estudiantil hispano, que lo que puedan ser las capas de las tunas de hoy.       

LA FIESTA DEL MATRICULANTE

Fiesta del Matriculante en Bolonia. Fuente: bolognatoday.it 
En Bolonia, y en otras ciudades con sus distintas diferencias de costumbres, se estila celebrar la Fiesta del Matriculante que es una actividad que empieza con la liberación de los estudiantes de primer año de las aulas. El día elegido empieza en un café, se toma el desayuno y, en caso de los boloñeses, se grita «el rector paga mucho».  Luego se va a las escuelas para ingresar con silbatos y cánticos a las aulas con la intención de liberar a los estudiantes a pesar de algunas protestas de los profesores. Luego se hace una procesión por las calles que al llegar a un punto de la ciudad se procede a regalar los faluchos, acomodándolos según la tradición local. Hasta hace unas décadas la Fiesta del Matriculante era un evento social y masivo con desfile incluido como si fuera un carnaval celebrado en cada ciudad universitaria involucrando a estudiantes, profesores y autoridades académicas.  

LA INVESTIDURA DE MATRICULANTES

Fuente: Facebook de Goliardia Bologna - Il Fittone


Hay muchas otras actividades de los goliardos como las disputas dialécticas en parodia que sostienen, el montaje de sainetes y pequeñas obras teatrales, la organización de desfiles burlescos, etc.; pero no buscamos extendernos más. Estas son solo unas breves palabras sobre una tradición muy interesante. Cerramos entonces con la ceremonia de investidura de los matriculantes. Las reglas goliárdicas suelen dejar libertad sobre cómo han de organizarse en detalle, pero el Código Morandini registra una fórmula mínima aceptada: el matriculante se arrodilla frente al soberano de su orden, se le corta un mechón de cabello y se le mete un poco de sal en la boca recitando la frase «accipe salis sapientiae...» (acepta la sal de la sabiduría). A este gesto algunos añaden «...et pepis argutiae» (y la pimienta de la argucia). El falucho deberá de mantenerse boca arriba, y justo debajo la cabeza inclinada del novato, para que reciba el vino que se le va a rociar y que deberá de beber después porque «no se desperdicia el jugo de Baco». Al verter el líquido se dice «et vinum veritatis» (y el vino de la verdad) y, llegado el momento, el birrete goliárdico voverá a ser impuesto por el soberano de la orden quien pronunciará la siguiente fórmula: «In nomine Bacci, Tabacci Venerisque semper bonae nos Siderei Extracursus, Divinissimi Laureandissimi, Divini Laureandi, Colendae Columnae, Faseoli Famelici et Flatulentissimi sed necessari TE ....... in magnam familiam goliardicam accipimus» (En nombre de Baco, el Tabaco y Venus siempre buena; nosotros, los Fuera de Curso Siderales, Divinísimos Laureadísimos, Divinos Laureantes, Cultísimas Columnas, Famélicos y Flatulentísimos -aunque necesarios- Frejoles, te aceptamos .............. en la gran familia goliárdica). Tras el abrazo fraternal, todos los presentes entonan la canción la Vispa Teresa que es originalmente una poesía para niños de Luigi Sailer (1865), pero que los goliardos han cambiado su última frase: «Tenía la vivaracha Teresa, entre la hierba / una amable mariposa que al vuelo sorprendió / y toda gozosa gritaba echada: / "la tomé, la tomé, la tomé por culo!”»; y así concluye la ceremonia.

Investidura de Matriculantes. Nótese cómo son bautizados con vino. Goliardia Bologna - Il Fittone

Menoti Cancellarius   



jueves, 1 de mayo de 2014

¿AZUL O CELESTE? LAS HUMANIDADES Y CIENCIAS SOCIALES SEGÚN LOS ANTIGUOS COLORES ACADÉMICOS DEL PERÚ

Por Juan Carlos Talavera Velezmoro

Aunque muchas cosas en la película 300 son ficción, la clámide 
de los espartanos sí era roja. Según los antiguos porque era color 
viril, de guerreros y de la sangre. No se puede asegurar que la de 
los atenienses haya sido azul, pero los productores acertaron al 
desarrollar el lengüaje semiótico de la película. Hay que adver-
tir que según Vegecio en "De re Militari" los soldados de la 
fuerza naval del Imperio Romano vestían de color "veneciano",
es decir de un verde turquesa. También teñían de este color las 
cuerdas y velas a modo de camuflaje. Se buscaba entonces la
emulación del color del mar y del cielo. El azul era considerado 
ser un color de marinos y filósofos durante el renacimiento y 
ambas cosas caracterizaban a los atenienses: eran una potencia 
naval por encima de Esparta y sus filósofos eran grandes 
sabios del conocimiento humano.
De implementarse un protocolo académico fundamentado en las tradiciones centenarias que tuvieron algunas de las universidades del Perú, el color que le correspondería a las humanidades y ciencias sociales tendría que ser el azul. Esto resultaría lógico si se toma en cuenta que las estructuras protocolares de las universidades de España tienen una identidad que fue oficializada jurídicamente a mediados del siglo XIX, cuando el Perú ya era una república independiente y se desligó de muchas costumbres preciadas de arcaicas por los liberales de la época. La pregunta que seguro algunos se harán es ¿por qué poner en valor los colores de las facultades virreinales? La respuesta sería simple: Las universidades están obligadas a la investigación y al impulso cultural como social. Rescatar sus centenarias tradiciones nos ayudaría a dar mayor profundidad a la identidad universitaria nacional que emerge con fuerza en el siglo XXI de la mano de un Perú que se perfila cultural y económicamente como uno de los países líderes de la región. 

Sobre el posible origen de un profundo simbolismo humanista

Desde el siglo XVI y prácticamente hasta el XIX, la Universidad de San Marcos tuvo cinco facultades que fueron representadas cada una por un color. El rojo era de leyes, el blanco de teología, el verde de cánones, el amarillo de medicina y el azul de artes. Los doctores vestían con insignias de esos colores, según su facultad, durante las ceremonias protocolares de la universidad. Se le llamó “artes” a las facultades de las universidades de origen medieval, y por extensión a las de fundación posterior. Ahí se enseñaba distintas cátedras de filosofía y de «artes liberales» que eran siete: la retórica, la gramática y la dialéctica eran el trivium o tres caminos. La aritmética, la geometría, la astronomía y música eran el quadrivium o los cuatro caminos. "De la filosofía emanan siete fuentes de sabiduría que son llamadas artes liberales" Herrad Von Landsberg.

Lápida sobre el Aula Montero de las Escuelas Mayores de
la Universidad de Salamanca. Señala el General donde se 
enseñaba artes y, en este caso, lo escrito está dedicado a la 
cátedra de elocuencia. 
La simbología de colores académicos podría haber tenido origen en las lápidas que están sobre los Generales de las Escuelas Mayores de la Universidad de Salamanca, de autoría del rector Fernán Pérez de Oliva en 1529. Es posible que el azul surgiera como símbolo, en las universidades de herencia hispana, por la gran admiración que la filosofía griega causó durante el renacimiento. La investigadora Águeda Rodríguez Cruz explica que todo estudiante de la facultad de artes era sólidamente formado en el "corpus aristotelicum", entre ellos la obra "De caelo", un importante tratado astrológico. El jurista Andrea Alciato escribiría en su Emblema 118 "In colores" (ed. 1546): "El azul de mar es el color de marineros y de aquellos profetas quienes aturdidos por demasiada religión, escudriñan las cosas del cielo". Con la influencia de Alciato, el rector sanmarquino Diego de León Pinelo escribiría: "La Filosofía reclama el color cerúleo, como que viene del cielo. Este color es muy apropiado para los marinos y también para los filósofos, que como los marinos escudriñan los movimientos del cielo".

Ambos autores se refieren a marinos y a filósofos porque la astronomía era parte del quadrivium, y por lo tanto de la educación base en las facultades de artes. La antigua lápida color azul del aula “Dorado Montero” de la U. de Salamanca dice sobre la filosofía: "ELOCUENCIA. Que ayuda a que las reflexiones filosóficas profundas y elevadas, puedan, con el auxilio de la facundia, expresarse más bella y elegantemente y las musas más severas se templen con el culto de las más amenas". 

Aunque el sanmarquino León Pinelo, al hablar de los colores académicos, menciona al color de "Artes" como "cerúleo", no hay confusión sobre si se refiere al celeste o al azul. La evidencia está dispersa, pero el azul claramente se asoma en cuadros antiguos como parte de la decoración del edificio universitario -en obvia alegoría a las ciencias- y sobre las insignias doctorales. Para cerrar el debate, las primeras Constituciones de la Universidad hechas en 1571 y rescatadas por el investigador L.A. Eguiguren especifican: "El que se graduare de Maestro en artes á de parecer destocado con su capirote vestido y el Bedel allí par del empie en medio del theatro y terna el Bedel el bonete con la borla azul (...)".    

Diferentes aproximaciones en países de tradiciones académicas hermanas

La doctora María Helena da Rocha Pereira
y dos doctores de la Facultad de Letras de
la Universidad de Coímbra.
En 1850, durante el reinado de Isabel II, se regulariza la vestimenta académica en España a través de dos Reales Decretos. Además se establece formalmente el color de las facultades. Así, aunque el primer Real Decreto del 6 de marzo mantiene el color azul para letras, en el Real Decreto del 2 de octubre hay modificaciones y se ordena para la facultad de filosofía el azul celeste.
Pero estas regularizaciones solo podían constituirse en el territorio español. Para aquella época la mayoría de universidades virreinales de América buscaban la propia identidad en las nuevas repúblicas donde se asentaban, descontinuando sus tradiciones. 

En el caso de la Universidad de Coímbra en Portugal, el azul oscuro siguió siendo utilizado para la facultad de letras y el celeste para ciencias, algo actualmente vigente en su estatuto de 2008.

En México, el Consejo Universitario de la UNAM aprobaría en 1949 el reglamento de toga universitaria, estableciendo que el azul sería el color para la facultad de filosofía y letras. El azul pálido sería para ciencias, ingeniería y ciencias químicas.

Hacia 1950, a un año de las celebraciones por el cuadragésimo aniversario de la Universidad de San Marcos, el historiador Daniel Valcárcel propondría restituir los colores virreinales de las facultades antiguas y adaptar el resto a unos nuevos. Según Valcárcel el azul debía restituirse a la Facultad de Letras y el azul claro, llamado también celeste, asignarse para la de Ciencias. Su propuesta finalmente no caló en las autoridades, tal vez porque hubiera sido interpretada como una afirmación hispanófila contrastante a la corriente indigenista de aquella época.  

El escritor peruano Mario Vargas Llosa con las 
insignias de Doctor Honoris Causa de la UNAM.
Los profesores e investigadores eméritos usan el 
color de la facultad, en la borla como en la última
línea de la  esclavina, con franjas azules y doradas
en el resto del traje.
¿Color de solo una especialidad o de toda un área de conocimiento?

El incremento de carreras universitarias, como resultado de la fusión de especialidades científicas, no va a cesar. Eso naturalmente dificulta la asignación de colores nuevos a cada una sencillamente porque estos no son infinitos. Los responsables de protocolo de España concluyeron eso y ya se han planteado el problema semiótico: dos especialidades, muchas veces de naturaleza diferente, no pueden compartir un solo color que se ve diferenciado solo por el grado de tonalidad porque se destruye el símbolo.

En el III Encuentro de Responsables de Protocolo y Relaciones Institucionales de las Universidades Españolas se propuso una solución: Los colores académicos deben hacer referencia a grandes campos del saber y no atomizarse en las titulaciones. Esa propuesta resultó complicada de implementar en España por lo arraigado de las costumbres e individualidades que hay entre las universidades, pero que a contraparte en Perú resultaría ser un buen cheque en blanco.

La tuna como impulsora de las costumbres académicas

Desde hace años las tunas peruanas han ayudado a crear conciencia sobre las antiguas tradiciones universitarias. Casi como haciendo música de oído, los colores académicos revivieron con las becas y banderas de las tunas de diferentes facultades aunque, con la salvedad de los clásicos para derecho y medicina, los demás colores se asumieron por mera especulación o por imitación a lo que algunas tunas españolas acostumbraban. Si la tuna basa parte de sus estampas costumbristas en el “pícaro estudiante antiguo”, se generará naturalmente una necesidad de conocimiento en la juventud cultora sobre su propio pasado, justificando su identidad presente como “tunos peruanos” y negando cualquier percepción como “peruanos que imitan a la tuna española”. El aspecto positivo es evidente pues hay mayor conciencia sobre una herencia hispana por décadas reducida a su mínima expresión en mucha de la historiografía nacional.   

Para Jerónimo Hernández, Jefe de Protocolo de la Universidad de Salamanca, este dato sobre el fenómeno de las tunas peruanas le parece interesante por curioso, aunque al planteársele la pregunta que origina el título de este artículo respondió categóricamente: el color al que debe uno resumirse tiene que ser el primigenio en el Perú, sin necesariamente seguir todo lo hecho en España durante las reformas isabelinas. Rescatando la opinión de Daniel Valcárcel, es obvio que mantener los colores del siglo XIX peruano tampoco sería apropiado pues surgieron como una asignación antojada, obviando el cuidado simbolismo humanista que caracterizó a los clásicos por más de 300 años.

Algunas tunas de la Universidad San Martín 
de Porres (de arriba hacia abajo): Derecho, 
Medicina y Contabilidad cada una con su 
color distintivo. 
¿Qué hacer entonces?: La propuesta de las tunas en la Universidad San Martín de Porres

Para el Perú lo pertinente sería asignar colores por campos académicos, respetando los colores virreinales. El color que correspondería entonces tanto a humanidades como a las ciencias sociales en el Perú sería el azul, por ser el color original de la antigua facultad de artes. No obstante, el derecho puede ser clasificado como parte de las ciencias sociales o de las humanidades, según opinión debatible, pero mantendría su característico color rojo en razón a la coherencia histórica. Es necesario apuntar que en el siglo XIX el verde se asignó a la facultad de jurisprudencia y el rojo a la de ciencias políticas, que luego derivó en la de economía, orden que se mantuvo hasta el siglo XX en San Marcos. Como se propone restituir los colores primigenios, sería razonable que las ciencias económicas asuman el naranja pues estos estudios derivan, tanto en España como en Perú, de las facultades de derecho.

Dentro de la USMP ya existen las tunas de derecho, contabilidad, administración y medicina, cada una con el color característico a su especialidad, exceptuando a la universitaria que ostenta colores propios. Estos colores académicos han sido implantados por costumbre y son reconocidos como un elemento que es parte de la identidad de estos grupos por las autoridades, aunque las facultades no los hayan asumido por falta de una propuesta formal y sustentada, haciendo el reconocimiento uno limitado y extraoficial. Es por eso que la Tuna de Comunicaciones, Turismo y Psicología de la Universidad de San Martín de Porres ha tomado la iniciativa de seguir creando conciencia en la comunidad académica sobre estas tradiciones y asumir como propio el color de las humanidades en sus insignias y banderas: el azul. 


viernes, 11 de octubre de 2013

TODOS TIENEN UNO...

De las armonías dadas por Dios
los estudiantes dan las mejores
cuando concertados van los sones
aunque en alguno falte voz.

Suele haber grande alegría
al juntarse las notas musicales
si se hacen maromas teatrales
por disimulo de la “gallardía”.

Recordando el antiguo grado
que solemne dio algarabía
dé la estudiantina gloria divina
al grande gallo de su doctorado.

Menotti Cancellarius